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Concepción, Bio Bio, Chile
Abogado. Maestro en Teorías Críticas del Derecho. Doctor en Derecho en DDHH y Desarrollo.

martes, 21 de octubre de 2014

CRHISTIAN FELBER, EL BIEN COMÚN, LAS EXPERIENCIAS A RESCATAR Y OTRO SENTIDO COMÚN.

Hace unos días una amiga me etiquetó en su Facebook para que mirase un video sobre un personaje que estaba dando que hablar, Christian Felber, con su propuesta de Economía del Bien Común que pretendía superar la dicotomía entre capitalismo y socialismo, me invitaba a verlo y después comentarlo. Aso hice en estos dos link:
https://www.youtube.com/watch?v=Sw15spewr24
 Y de escucharlo y leer sus propuestas para esta nueva economía (http://www.economiasolidaria.org/noticias/la_economia_del_bien_comun )basada en una rediscusión de los valores dominantes, de la forma de mirar las emociones y las relaciones humanas, el capitalismo como una competencia que deviene en contra-petencia, no común sino destructiva, en un respeto profundo a la ecología ambiental y humana (importancia de las emociones, de los encuentros, de la responsabilidad, de una nueva ternura masculina) y la recuperación de principios tan generales sobre la vida democrática, que estaban escritas en varias constituciones de países democráticos, como bien común, interés general, soberanía, etc.  Habla además de la necesidad de nuevas metodologías (epistemologías en verdad) de análisis de la realidad, de crear nuevos indicadores para medir los objetivos y fines y no los medios de acción de la economía como es el dinero. Señala la necesidad de subjetivisar la economía que se plantea como ciencia de lo objetivo sin serlo y a revisar los objetivos y los fines de la actividad económica y empresarial centrándose en los fines y no en los medios, en las causas y no en las consecuencias. Señala en sus hablas que su trabajo junto a un grupo de empresarios austriacos y suizos lleva apenas pocos años, dos o tres, y ya ha llegado a quince países.
Interesante Felber, pero es necesario decir algunas cosas para no engañarnos ni caer en esa mala técnica que es el deslumbrarnos, el que creer que lo que de pronto aparece como novedoso es nuevo, sin reconocer las genealogías de estas pistas y delimitar de la mejor manera su potencial y sus límites.
Me es necesario decir algunas cosas sobre lo que plantea Felber, para no incurrir en esa mala técnica del deslumbramiento y si desarrollar el alumbramiento:
1.     Lo que señala sobre la necesidad de replantearse los valores, de fijarse como estos aprendizajes de marcos de valores sin que nos cuestionemos de donde vienen inciden decisivamente en las formas de actuar en el mundo, en las relaciones de intercambio y en nuestro estar en él. Esto de los valores no tiene nada de nuevo. El gran faro de alerta contra esta cuestión es sin duda Nietzsche, quien no solo alertó sino que además discutió con una ferocidad a la altura de la trampa que con ellos se nos ponía por delante en nuestra elevación como humanidad, al punto que no solo hablaba de cambiarlos sino de transmutarlos, es decir inventar otros radicalmente contra civilizacionales.
2.     EL rescate de la emocionalidad como fundamento último del hacer humano se lo debemos sobre todo a Humberto Maturana y Francisco Varela, que no solo estudiaron los fundamentos biológicos de la actividad humana y la necesidad de reconocer en la alteridad de nuestras interacciones la influencia de las emociones como conductas de interacción, sino que además revolucionaron la comprensión del mundo a partir de una teoría de sistema desde lo biológico pero no reductivista como la de otros autores.
3.     La idea de que la economía no es una ciencia objetiva ni exacta viene siendo discutida hace mucho. Pero no puedo olvidar el extraordinario aporte que a esa discusión y a la necesidad de establecer indicadores sinérgicos, búsqueda de la acción con la emoción en una potencia de la apropiación de lo humano, a una creación de otros indicadores para la revisión, reflexión y sobre todo acción fueron realizados también hace mucho por otro chileno, Manfred Max-Neef en su Economía Descalza y en su propuesta un poco más articulada de un Desarrollo a Escala Humana complementada por Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn. De hecho la matriz de indicadores de bien común tiene mucho de la matriz de desarrollo a escala humana que ya Max-Neef publicó a principios de los años ochenta del siglo veinte, es decir unas tres décadas.
4.     La otra indicación que parece indispensable señalar es como estos aportes trascendentales y transmutadores no han sido reconocidos suficientemente dentro de nuestro país, probablemente porque tendemos a deslumbrarnos con lo que pasa fuera de la isla en que vivimos.
5.     Felber llama además, en ese reconocimiento de las emociones y la necesidad de nuevas acciones, a una revisión también de las pautas patriarcales y su sentido de competencia. La necesidad del rescate de la ternura y de la consideración por el otro tiene también historia, la teoría del cuidado ajeno y la sororidad del feminismo, las pistas de nueva masculinidad de gente como Naranjo por ejemplo y una frase liviana y reiteradamente vaciada de potencia en su repetición fetiche por las izquierdas, aquella del Che Guevara de no perder la ternura. Con Felber sabemos hace ya un rato que no hay otro mundo posible sin nueva masculinidad.
6.     Esta importancia e no solo clamar un nuemo modelo sino construirlo con sentido común, con anticipación, con una lucidez de inocencia me recuerdan con mucho a otros antiguos movimientos de trascendencia humana, a Bretón como exponente de una generación de anarco dadaístas y sobre todo a lo planteado por James C Scot en su último libro elogio del anarquismo, sobre todo porque nos recuerda que es la acción directa lo que cambiará el mundo y ello no siempre quiere decir lanzar piedras, como se le reduce por partidarios y enemigos.
7.     Pero todo esto tiene importancia por que aquellos que se le ha llamado en los últimos cien años aproximadamente de diversas formas es otra cultura de no capitalismo que ha estado allí y que ha sido ocultada por las matrices autoritarias del capitalismo y del socialismo; es lo que en los cincuenta se llamó beat, en los sesenta hipismo, en los setenta ecologismo, en los ochenta alternativismo, en los noventa y dos mil altermundismo.
            Sin embargo es apuntar algunos grandes déficits de lo que plantea Felber, euro-centrista como no, aunque abierto al mundo, como no si estamos en época global.
·        Señala Felber que no existe constitución alguna donde se afirmé y se promueva un modelo económico neoliberal directamente, y yerra. Para tristeza nuestra existe y es la chilena. Una de las cosas lamentables que empieza cambiar pero no del todo aún es que uno, si quienes creen en el lucro como mecanismo de victoria sobre los otros han sido capaces de escribir una constitución y causar más daño del que se imagina, y dos, que aun en Chile muchos no logran captar que el tema de la constitución política no es baladí, precisamente porque no es democrática, y en eso Felber tiene razón, una constitución que no da cuenta del bien común no es democrática, por eso más allá de lo que en la prensa y las elecciones se dice, Chile no es e verdad democrático.
·        Llama Felber a no solo tomar el bien común que está en las constituciones democráticas sino a ponerlas en constituciones donde los derechos de lo común, de la relación, de la solidaridad humana y ambiental se plasmen, por que no están en ninguna parte. Ignora Felber que eso ya existe, está en las constituciones políticas de Ecuador y Bolivia donde si el pueblo participó, donde si la constituyente expresó otros sentidos comunes no occidentales y es necesario mirar en serio esos procesos, estudiarlos y acogerlos porque si son nuevos y novedosos.
·        Pero además la nueva economía del bien común, de la que ya se viene escribiendo hace rato no sólo por Felber, tiene en este personaje un déficit que dice relación con el lugar desde donde mira (las acciones en un espacio hacen a los sujetos decía Milton Santos) y es que a ratos parece que insiste demasiado en un sentido de lo universal que es propiamente occidental. Ese universalismo abstracto es un peligro de insistir en lo occidental, como lo han venido advirtiendo Boaventura de Sousa Santos, Joaquín Herrera Flores y recientemente en su último libro María José Fariñas Dulce. Es necesario mirar lo local no de manera aislante pero el universalismo que no de se desuniversaliza acaba asfixiando, así se llame bien común.
·        Comparto con Felber la necesidad de trabajar nuevos indicadores, los que vienen siendo trabajados también hace mucho desde los indicadores de la felicidad, de las necesidades humanas, de lo mínimo versus lo básico, del PNUD y desarrollo humano, etc. De hecho ahora mismo creo profundamente que para superar la crítica jurídica (otro universo a rescatar) hay que dar un paso adelante y crear una nueva epistemología y metodología de los derechos, a lo que espero dedicarme sin deslumbramientos los próximos años.
Finalmente solo una cosa más a propósito de Felber y una más sobre él y todos nosotros:
a) Yerra profundamente Febler cuando cree que en materia de sociedades y de institucionalidad el problema es constituyente. No, el problema es instituyente.
b) Es bueno no deslumbrarse pero si alumbrarse y en esto hay que decir algo en beneficio de éste mensaje refrescante como tantos otros frente a la idea del conocimiento único: hay un otro sentido común que viene emergiendo hace mucho, con disparidades y porosidades como el de Felber, menos mal ya estamos hartos de autoritarismos y pensamiento completos y no complejos. Ideas que hace no tanto eran excéntricas empiezan a mostrase de manera mucho más amable, compasivas, emancipatorias, participativas y compenetrantes.

            En esto hay que encontrarse y abrazarse con Felber y con otra larga lista de gentes como las que he reseñados y tantas ausencias de figuras públicas y de constructores públicos, privados e íntimos con los que debemos abrazarnos, sin ídolos,  para rescatar otro lema que me sigue sonando fuerte: otro mundo es posible.

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