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Concepción, Bio Bio, Chile
Abogado. Maestro en Teorías Críticas del Derecho. Doctor en Derecho en DDHH y Desarrollo.

viernes, 8 de marzo de 2013

8 DE MARZO. POR LAS MUJERES.




Mi queridísima amiga Gemma Lorente Mi foto( http://humanos-desiguales.blogspot.com/2013/03/yo-no-celebro-el-8-de-marzo.html?spref=fb ) desde su blog escribe desafiante "Yo no celebro el 8 de marzo", y arremete contra el celebracionismo que entre la conveniencia política, el uso consumista y los pseudo-feminismos en este día aparecen y que olvidan que se suman al justo reclamo por el sometimiento, la desventaja, la inequidad y el abuso,  que olvidan que además existen otros días que ella llama "días rosa": 6 de febrero: Día contra la mutilación genital femenina; 8 de febrero: Día Internacional de la mujer; 22 de febrero: Día por la igualdad salarial entre hombres y mujeres; 8 de marzo: Día de la mujer trabajadora; 23 de septiembre: Día contra la explotación y el tráfico de mujeres; 15 de octubre: Día de la mujer rural; 25 de noviembre: Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. Días de causas imprescindibles olvidados por el uso y abuso del 8 de marzo. Aunque resulte polémico lo que afirma, me parece una buena invitación a repensar el 8 de marzo.

Me retrotrae a otro 8 de marzo, el 2005, en que en el marco de las clases del Doctorado en Derechos Humanos y Desarrollo que cursábamos, con nuestro común amigo Marcelo Moura decidimos, él y yo, esa mañana leer al curso lo que llamamos nuestro "manifiesto libertario feminista", en que llamábamos a no celebrar ese 8 de marzo, fiesta aburguesada, que había que reivindicar y luchar todo el año y no un día que las tiendas llenarían de rebajas. Contra nuestro pronóstico y para nuestra sorpresa el curso nos abucheó y nos trató de machistas. La misma Gemma, en el café de la mañana, se reía de nuestra mala suerte de no haber sido comprendidos. Entre ese tal vez torpe alegato y el blog de Gemma existen vínculos profundos más alá de la anécdota de los comunes amigos.

Nos hermanan los dos extremos de nuestras reflexiones. Por un lado la nunca suficiente lucha por la liberación, emancipación y potencia de lo femenino, la elevación y reconocimiento de las mujeres como actores sociales trascendentales, tanto como los hombres, pero en el sistema patriarcal disminuidas, segregadas, menos pagadas y además constantemente cooptadas y seducidas. Pero también nos hermana en la reflexión la denuncia del facilismo con que, de un día de lucha y recuerdo de la valentía para enfrentarse al poder que discrimina, devinimos en una serie de actos que en vez de ayudar revalidar una y otra vez el uso de la mujer y de lo femenino como algo disponible abusado, lo esconden detrás de quien saluda más y con que rosa o chocolate, wisky o vibradores no, que no es de niñas buenas ni acorde a la moral . Nos hermana a su vez criticar los peligros de un pseudo feminismo, un mujerismo progre, un culto de masas banalizado y comercializado que nos vuelve no necesariamente complices directos del patriarcalismo, más profundo y peligroso que el machismo que ya lo es, sino complices directos del doble rasero de criticar al otro pero no los usos propios, la doble lógica de los buenos y los malos, de lo legal y lo ilegal, de lo permitido y lo prohibido, esa tensión valórica machista, patriarcal, moderna, hiperracionalista y abusadora.

Es necesario también en este 8 de marzo decir algo en contra del facilismo político de las cuotas y las participaciones formales que sirven de fetiches a los políticos de oficio para discutir si es necesario o no, y volver a la lógica numérica tan economicista de cuanto es lo prudente y cuanto lo necesario para que un orden funcione. Si queremos cuotas que sea 50 y 50 o nada. Pero no solo de los cargos publicos sino de todo. 50 por ciento de participación política, 50 por ciento horizontal y vertical en la riqueza del capital y la cultura y las labores domésticas y la libertad sexual y de todo. Es decir o somos radicales o lo otro es monedita de cambio.
 

 
Es necesario preguntarse seriamente y criticar también algo que temo se aleja cada vez más de los objetivos iniciales de las feministas y que se ha vuelto otro mecanismo de aparente progresismo y de exclusión antes que de liberación completa de la humanidad. Hay que criticar con agudeza la llamada Teoría de Género que deviene en una separación academicista de las docentes, las investigadoras, las que observan políticas públicas (¿y las privadas?) con perspectiva de género y que por esa vía convierten y someten a las otras mujeres menos escolarizadas en objeto de observación, que encierran la discusión en una nueva diferencia clase/genero, en un corte conflicto como diría Margarita Pissano, que vuelve al encierro. Estoy de acuerdo en integrar más de una mirada a los fenómenos sociales, en asumir la mirada femenina en el mismo valor que una mirada masculina, pero concuerdo con Gemma en que sin una unidad fraterna y no encasillante, ni que a la primera diferencia acuse al otro de machismo, sin una colaboración en una alteridad conspiradora y emancipadora, nada se ha ganado. Juntos o nada. Quienes trabajan en Violencia saben que sin liberar a los violentadores que muchas veces son también mujeres que silencian y se silencian ante lo que le ocurre a otras sores, todo está perdido. La teoría y la práctica crítica debe alcanzar incluso al genero. Que yo recuerde el libro se llama "El segundo Sexo" y no el segundo genero.

Hay que denunciar y destapar los usos culturales de una aparente liberalidad de la mujer que en los medios y en las tiendas pondrán estos días para señalar no a las mujeres que no quieren patriarcado están en lucha, sino que nos venderán en rebajas zapatos, blusas, flores o chocolates (así nos integran a los hombres en el consumo saludatorio de genero). Asistimos como siempre a usos culturales de apariencia igualadora pero de fondo dominante. Gemma sospecha de la moda de las 50 sombras de Grey. Yo no solo sospecho, lo denuncio como una moda y una forma cultural -como otras- machista y abusadora, que contra el verdadero consenso y juego de roles que en un acuerdo de BDSM libremente consentido puede generarse, a un fenómeno cultural que transmite valores profundamente conservadores: a las mujeres se les seduce comprándoles cosas caras, se les cuida incluso cuando ellas no lo piden, se refuerza la idea que el buen y puro amor femenino puede salvar a los hombres de sus fantasmas, se pasa del romanticismo de pasquín a un recubrimiento de látex que lo hace novedoso, pero que no nos coloca en posición de hablar de las condiciones diarias para tener orgasmos en medio de crisis globales y explotaciones. 

El problema es de fondo, es de la dignidad y la emancipación no solo de la mitad del mundo sino de la humanidad completa y en que parte de esa lucha consiste, radicalmente, en liberar de la inequidad a las mujeres. La lucha de fondo es precisamente contra los valores que nos han inculcado y hemos tragado como ciertos y naturales sin criticar sino comprando y celebrando una novedad que no es.

Hay que denunciar los llamados a la igualdad de las mujeres. La igualdad es un concepto burgués muy concretamente radicado en la historia. Los burgueses querían ser iguales en derechos de comercio, posesión y posición a la nobleza. Pero el resto ¿para que queremos ser iguales, a quienes queremos ser iguales? ¿Las mujeres iguales a los hombres? ¿Los pobres iguales a los ricos?- Razón tenia el Divino Marqués de  Sade cuando en Filosofía en el tocador advertía que no bastaba derogar los reyes sino también el incensario, es decir todos esos valores que nos siguen limitando y restringiendo, controlando en nuestros cuerpos, en nuestros pensamientos, en nuestros instintos. Un esfuerzo más si queréis ser republicanos gritaba el libertino.

Tiene razón mi querida Gemma en lo que plantea, salvo en una cosa, en que no va a celebrar este 8 de marzo. Al contrario, vaya celebre, embriáguese, alégrese, salte como ditirambo, como hada buena y como muchacha mala. Celebrar es prodigioso y necesario en un orden que privilegia el trabajo al la celebración. 

Vamos a celebrar, pero tambien mañana 9, y el 10 y así sucesivamente, a seguir construyendo espacios emancipados y pidiendo libertades y medidas concretas, no solo maquillajes para un mundo con mujeres que no sean sometidas, con hombres que no sean sometidos, pero sobre todo con todos los géneros, roles y demases renunciando a oprimir a cualquier otro.

A lutha continua.

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