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Concepción, Bio Bio, Chile
Abogado. Maestro en Teorías Críticas del Derecho. Doctor en Derecho en DDHH y Desarrollo.
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miércoles, 30 de marzo de 2011

DERECHO PARA BURROS O LA FLOJERA DE PENSAR.

Confieso que en el ejercicio de la abogacía, a ratos tan distante del derecho y de la Teoría del Derecho y la Filosofía Jurídica, cargo con cierta frustración. No solo por que el acto práctico y burocrático de litigar no me apasiona, por que esperar horas para ver un expediente y luego meses para una solución que no soluciona mucho frustra. Pero por estos tiempos cargo con otra frustración patente y quemante, que proviene de las sentencias que están dictando los jueces de los Tribunales del Trabajo en que con mucha frecuencia litigo. No por que pierda, que puesto a defender trabajadores en tiempos de hiper flexibilización del derecho del trabajo esa nos una novedad; en los despidos es posible ganar el juicio pero en todas aquellas que amenazan la redistribución de las ganancias de la empresa la lucha es cada vez más difícil y las victorias siempre escazas. No, la cuestión tiene que ver con la calidad de la discusión.
Se lo explicaba así a un amigo que es además profesor de derecho romano y de teoría del derecho: sucede que por estos días leo a Jacques Derridá, el filosofo francés de la decosntrucción, quien tiene de entre las que conozco una de las teorías de la justicia que me parece más apasionante y amplia; por otro lado sigo coleccionando libros de filosofía, de teoría social y de teoría del derecho y después de escribir mi tesis doctoral lo único que se es que siempre hay algo nuevo para aprender, en lo que no he leído o en lo revisitado. Pero - le digo- lo que mas me sorprende es que en los últimos fallos estoy discutiendo con los jueces y redactando sendos recursos ante sus fallos, cuestiones que son de primer año de derecho: la teoría del acto jurídico, es decir cuando un evento y un acuerdo entre sujetos pasa a tener relevancia jurídica, en que momento general obligaciones, derechos y deberes; la relación entre procesos económicos o sociales y derecho o la importancia de la buena fe.
Por ejemplo, en una sentencia en que alegábamos que el trabajador había firmado un finiquito engañado y bajo la creencia que ya no se realizaría más la labor que él desempeñaba dentro de la empresa, el juez desecha la posibilidad de error por que el trabajador se había enterado después de firmado el finiquito. Es para desmayarse, por que por cierto si no hubiese habido error simplemente no habría firmado nunca, y de algo errado solo se toma conciencia después de lo obrado cuando algo nos demuestra que es erróneo. No me parece tan difícil.
Otro ejemplo: una juez que resuelve un punto no razona nada, solo escribe varios folios y a la hora de resolver señala que ella antes, en la materia, adhería a otra tesis pero como hay fallos recientes de la Corte Suprema que dicen lo contrario ella simplemente adhiere a estos nuevos fallos, como si se tratase de un acto de fe, de una religión o de una propuesta de vida, sin explicar nunca por que adhiere, en donde esas sentencias se encuentran con el problema que ella debía resolver.
El problema es que las explicaciones que se me ocurren son todas malas y de mal en peor: o bien los jueces son francamente ignorantes y han olvidado sus estudios básicos de derecho y estamos ante edificios sin cimientos; o bien en medio de su supuesta especialización han ido olvidando lo básico, o bien que son ciegos, sordos y mudos por que hay que acatar los fallos de los Tribunales superiores como si fuesen una verdad revelada o lo que es peor, hay algo de tendencioso oculto, disfrazado de buena onda, en esos fallos que no quieren tocar la forma como se redistribuyen las ganancias de las empresas en Chile.

Mejor no sigo preguntándome, que la frustración empieza  a parecer indignación, precisamente por eso, por que cuando a uno que intenta estudiar y ser serio le disparan burradas burras, o flojas o tendenciosas, ciertamente siento que afectan mi indignidad y liberan mi legítimo derecho a indignarme. A menos que por cierto el superior de quién depende mi ascenso diga otra cosa, que en ese caso adhiero a ello. Mi jubilación bien vale la pena.

jueves, 18 de noviembre de 2010

VOLVER AL BARRIO.

Acabo de hacer dos cosas fundamentales en la cotidianeidad: ir a comprar cosas para comer y sacar a mi perra Tomasa a que camine y haga sus necesidades. Me fui al almacén de la calle de enfrente y al pagar, ups, sorpresa, había dejado la billetera en casa, sobre la mesa. El dueño que estaba en la caja me dice, vaya, a la vuelta me trae el pago. Lo que me hizo recordar a mi amigo el danés, que días después del terremoto del 27 de febrero, sin haber podido trabajar acudió hasta el boliche de la esquina a pedirle a doña Rosita un favor por el que sentía algo de incomodidad pero no vergüenza: necesitaba lácteos para sus hijas pequeñas; la doña le entregó leche y yoghurt para las chicas. el y yo volvimos lo más pronto posible a pagar la deuda. Esto no habría sido posible en el supermercado aunque conociésemos a la cajera o al administrador; allí todo opera en base al dinero y a la desconfianza de los ajenos.
Y ocurren un sinfín de cosas similares diariamente que marcan la diferencia entre una forma comunitaria de vida en que resguardándose el recibir dinero, ese mal mediador, para cubrir las necesidades que cada uno tiene, el barrio permite que no todo sea una relación de dinero ni una relación entre ajenos. Extraños tal vez, pero no ajenos. Se trata de una serie de anécdotas que no solo son eso sino verdaderos modelos de como se enfrenta la construcción de lo social que están en juego:
  • Una chica del departamento de enfrente se ha quedado puerta afuera cuando voy saliendo, pero le digo espera dentro, no hay problemas. Unas semanas después su madre que es también ya una amiga nos invita a comer el domingo en que teníamos una gran pereza de levantarnos temprano para ir a comprar algo.
  • La mujer del kiosco me avisa todos los meses cuando ha llegado alguno de los periódicos que leo, esos que no son la prensa oficial (Le Mond´e Diplomatic, El Ciudadano, The Clinic) y del libro del mes o que ahora si Rockaxis va a volver a traer Cds de música. Me lo llevo a casa y se lo pago con el diario del domingo.
  • Una pareja, ambos un poco menores que nosotros, ha instalado una venta de sandwich y hacen unas hamburguesas alemanas fantásticas. Aquellas tardes en que queremos golosear los llamamos y le pedimos dos, diciéndoles que nosotros iremos a buscarlas, así aprovechamos de sacar a Tomasa a estirar sus cuatro patas. No nos esperan a que paguemos, al llegar están listas y mientras uno de nosotros paga el otro en la panadería del lado compra pan negro para el día siguiente y la repostera regalonea a la perra con cascaritas de sus dulces.
  • El conserje del edificio que es un poco chismoso, es cierto, nos cuenta lo que va sucediendo y mientras hablamos con él vamos saludando a los vecinos que llegan y se van. Unos saludan y otros no. Coinciden los saludantes con la vecina que un día de lluvia nos trajo dos cuadras en su auto o con el vecino que al verme discutir con dos sujetos que no habíamos visto nunca por aquí salio con su sorpresa guardada por si acaso, a ver que ocurría.
Ninguno de éstos personajes es bueno ni malo, santos o héroes: Todos arrastramos nuestras cargas emocionales, nuestras virtudes y nuestras miserias. Pero lo que cada una de éstas acciones demuestran es que existen modos de vida alternativos posibles de construir; en que la comunidad es a la vez real e irreal. Real por que está allí operando, con idénticos problemas y fragilidades que la macroeconomía, pero funcionando. Irreal por que en verdad no existe por si misma, es necesario practicarla, hacerla cada vez repitiendo estas conductas, hasta que la línea de lo real y lo posible se va des dibujando.

En el modelo que propugna El Mercurio y que a los ministros de hacienda les parece productivo y lucrativo, todo operaría de manera distinta: lo ideal es que exista por acá un mega supermercado que traiga muchos productos y de mucho trabajo extendido y pagado al mínimo, por que en esos grandes volúmenes de venta y de dinero es posible seguirlos para mantener un porcentaje de inflación mensual controlado. Nadie puede llevar nada si no tiene dinerno de manera inmediata en su bolsillo. Las necesidades del otro no importan. Es que si todo eso que se necesita debe ser pagado alguien hará de ello una empresa, pequeña al principio, que si crece será devorada por una gran empresa, probablemente duela también del supermercado y de las empresas que lo proveen, por que al final en el país del capital casi todo pertenece a los mismos ricos que viven en "Los Altos de alguna cosa" y que se cansan entre ellos y compran a los pequeños lo que a ellos y a los ciudadanos de pie, que algunos también andan en auto, aunque no lo piensen así, esos ricachones les venden carísimos. Los lácteos que las chicas necesitan se venden con una tarjeta plástica que por esos días de desfase ganan intereses que van a a un banco de los mismos que emiten la tarjeta plástica. La chica puerta afuera debe llamar a esas horas en que el comercio ya se encuentra cerrada a una empresa que provee cerrajeros que cobra el precio y el sobreprecio o quedarse allí al friío su resfriado sirve a las farmacias de los mismos grupos económicos de los bancos, los proveedores y los supermercados. La kioskera es innecesaria, para eso están las suscripciones a los periódicos o mejor aún, que la gente no lea nada, capaz que se ponga a pensar, como en la nueva propuesta educativa de aumentar horas de lenguaje y matemática pero con menos clases de historia para que la gente olvide de donde viene. Las hamburguesas deben ser Macdonald o chiken algo y con mujeres que cocinan con delantales y poca paga y ojalá ubicados en grandes centros comerciales para que los giles que comen hamburguesas vitrineen y compren cosas innecesarias. Lo importante es que compren. El vecino que discute con unos forasteros debe no dialogar ni debatir sino tener miedo y que nadie colabore. La solución ideal es una empresa de guardiasue nos ayude a ser anónimos encerrados y que permita que un oficial de ejercito que a diferencia del obrero que se jubila a los 65 años se retira a los 50 pueda ganar dinero como asesor. Es bueno que en el año calendario se gaste en seguridad privada lo mismo que en la policía. Así los segundos paree no dan abasto y los primeros ganan dinero a costa de la seguridad pública en empresas que están relacionadas con os dueños de los supermercados, los proveedores, los bancos  los dueños de los shoping center. Todo es maravilloso, si tiene dinero soluciona todo, de lo contrario, bueno trabaje y haga dinero para que el país funcione.

En el barrio en cambio ud puede no tener dinero y llevarse por un tiempo fiado.Si no paga todos sabrán que es fresco y si pone empeño en saludar a los vecinos estos le comentarán cosas, le darán información o una sonrisa y hasta lo protegerán o ayudarán si pasa algo. El dinero es un mal necesario pero que queda supeditado a la lógica de las necesidades y el encuentro. Podemos incluso ser extraños pero nunca ajenos. Da lo mismo si yo soy gasfiter, abogado o vendedora. Si Ud. sonríe funciona otra economía muy real en que el dinero es solo una parte y lo que importa son los miembros reales e irreales de la comunidad: reales que son de carne y hueso y emociones; irreales por que un día no los conocíamos y luego empiezan a sonreír y conocerse y aparecen como fantasmas que se van corporeizando. No todo se compra y se vende.

Nada de ésto les interesa a los ministros de hacienda. Yo no me he puesto a sacar cálculos exactos pero estoy seguir que pesos más pesos menos el  modelo comunitario es más barato y cuando no al menos más gratificante que el de las filas en los supermercados par apagarle a una cajera que no puede demorarse en hablarte. Las mismas colas que uno hace en los bancos, las farmacias de las cadenas nacionales, los lugares de pagos de cuentas y donde se presta dinero, que son de propiedad de..., bueno, no aburro más.

Solo me pregunto si a algún economista le interesa sacar esas cuentas y demostrar como la micro-micro economía es la base de una otra forma de relacionarse.

Volver al barrio, cambiar la vida.