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Concepción, Bio Bio, Chile
Abogado. Maestro en Teorías Críticas del Derecho. Doctor en Derecho en DDHH y Desarrollo.
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miércoles, 24 de agosto de 2011

HABLAR EN SERIO DEL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN EN CHILE.

Hoy 24 de Agosto me ha llegado un correo con un texto de Fernando Villegas, comentarista de TV que dice ser sociólogo, que habla del problema de la educación y a mi me parece simplemente una denostación sin propuesta alguna, que es igual a estar a favor del estatus quo existente, que es precisamente lo que origina las modificaciones. Le he respondido a ese correo brevemente, me ha parecido conveniente publicar ambos textos, saque cada cual sus conclusiones. Como decía Raúl Ruiz, el cineasta muerto que ahora hasta El Mercurio celebra: en Chile se opina primero y se piensa después.Más allá de la coyuntura me interesa llamar la atención entre las formas de pensar livianas y nihilistas y razonar con argumentos.
Acá los textos:
El escrito de Villegas no es muy serio, y hace lo de siempre, jugar al nihilismo conservador, hacerse e l crítico de todo lo que provoca movimiento sin proponer nada nuevo. Es una opinión que da chispas de un razonamiento pero que no razona correctamente, por que si te fijas ataca los efectos y no las causas de los problemas. Tengo unos pocos comentarios:
  1. Detrás de los problemas de Camila están las verdaderas responsabilidades de los adultos que no asumen su responsabilidad en lo que ha pasado en los últimos años. Unos adultos que se han embarcado en consumir y en pensar, vaya si se escucha mucho, que son los colegios los que deben enseñar valores, cuando esa labor es de la familia. Por una parte atrapados en largas jornadas de trabajo y por otra en consumir para obtener algo de satisfacción momentánea no queda tiempo para construir familia. Esto no es casualidad sino producto de 30 años de políticas neoliberales que promueven el consumo y que hay que producir a cualquier costo. De hecho hay que recordar que la inmensa mayoría de las modificaciones al código del trabajo de los últimos 15 años han tenido por objeto dar jornadas de descanso a los trabajadores.
  2. Es cierto que la labor de los estudiantes es estudiar, pero eso es como decir que la de los trabajadores es trabajar. Ya sería tiempo de fijarse además en las condiciones en que se estudia o se trabaja. Las condiciones de estudio y trabajo en Chile son paupérrimas: universidades que de eso solo tienen el nombre, sin bibliotecas, sin profesores con jornadas sino solo por horas, sin investigación ni extensión, etc. Colegios sin ventanas, sin baños decentes (y eso que ya los pinguinos lo denunciaron hace dos años) y un trato por los adultos que es un verdadero maltrato, hablemos de micreros, padres, padrastros, policías, inspectores, etc etc. Cuando se pide educación de calidad se pide calidad docente y calidad de condiciones, lo otro es un invento.
  3. El problema si es el lucro en la educación. Desde siempre han existido colegios particulares y públicos, pero los particulares deben batirse con sus propios recursos de colegiaturas y no dineros que provienen del estado, por que la pregunta es¿por que parte de mis impuestos deben ir a bolsillos de particulares que realizan un negocio con dineros del estado y no de sus propias inversiones? Cuando se dice gratuidad versus lucro se colocan los dos extremos, pero no se dice nada si solo se queda en la caricatura. No es maniqueísmo hablar del lucro sino que es una pregunta profunda: ¿a donde deben ir los recursos del estado?. Una empresa privada debe serlo en base a sus propias inversiones y no en base a dineros públicos, eso se llama subsidio y si ellos pueden ¿por que no subsidian mi oficina o tu lugar de trabajo sin importar la calidad final?
  4. ¿Por que la educación? Fácil, por que durante años nos han transmitido, de gobierno a empresarios y de todas las coaliciones políticas que la educación es la llave y sin embargo hoy los propios jóvenes, incluso eso a los que se les da pésima educación están llegando a la conclusión que es una media verdad, por que no se les da lo que se les ofrece y a diferencia de los consumidores (bien de consumo dijo el presidente) no pueden reclamar. Lo otro que ya se sabe es que se cobra demasiado, la educación más cara del mundo.
  5. Olvida además éste señor que dice ser sociólogo, pero que curiosamente no usa ninguna categoría de análisis propia de la disciplina, que la labor de los movimientos sociales no es sentarse a trabajar y proponer acabadamente las soluciones técnicas; para eso están los técnicos. A los movimientos sociales, es decir los grupos que toman consistencias y legitimidad por la importancia de su mensaje, le corresponde plantear los temas y exigir los cambios. Los que sobran parecen ser los que no están haciendo su trabajo, es decir la clase dirigencial política y de otras organizaciones, que llevan 3 meses alegando unas contra otras pero no construyendo soluciones.
  6. Imaginemos ahora que Camilita en vez de hacerse la desentendida del juguete le da una pataleta y grita y se queja sin hacerse cargo. Eso es lo que hace Villegas, es decir llora para llamar la atención pero no propone nada. De alguien que tiene tribuna se esperaría algo más, de lo contrario es solo pirotecnia
Ahora el de Villegas.
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RV: Comentario de Fernando Villegas para reflexionar!!!!!















La revolución I

Hace unos días, estaba haciendo la cola para pagar en un negocio y observaba a una madre interactuar con su hija de unos 4 años. Todo comenzó cuando la niña lanzó un juguete por la cabeza de los que estábamos en la cola:
- "Anda a recogerlo, Camilita".
  Camilita se tira al suelo de la tienda y allí se queda, inmóvil.
- "Ya pues, Camilita, vaya."
  Camilita sigue inmóvil.
- "Ya, Camilita, si no va a recogerlo no le voy a comprar na' el juguete".
  Camilita BOSTEZA y, acto seguido, LE DA LA ESPALDA a su madre quien, rezongando, abandonó la    fila y fue a recoger el juguete. Evidentemente, no cumplió su amenaza.

Para mí, esta anécdota es tremendamente ilustrativa del perfil básico del chileno promedio: adultos carentes de la más elemental autoridad sobre niños indiferentes a normas, hábitos y disciplina. Abolidos el sentido del deber y la disciplina como ejes rectores del comportamiento, un solo elemento estimula y guía al ser nacional: el voluntarismo, es decir, la gente hace lo que quiere y ve en ello un valor capital. Lo que resulta de esto es la descomposición social que se observa hoy en el país y de la cual las protestas estudiantiles son palmaria expresión.

En mi concepto, la motivación de estas protestas dista mucho de buscar una mejora en la calidad de la educación y en el acceso a ésta. Desde hace 16 años ejerzo la docencia en universidades e institutos nacionales y, salvo contadísimas excepciones, jamás he encontrado alumnos dispuestos a aprender, a personas con hambre de conocimientos y voluntad para conseguirlos. Si hay que leer más de 2 páginas, colapsan; jamás llegan con preguntas acerca del tema tratado; jamás formulan pregunta alguna en las clases y un atroz etcétera. Si alguien quiere mejorar la calidad de la educación, pues que dé el ejemplo y estudie; pero no es este el caso: se trata de conseguir un objetivo nominal, socialmente encomiable, bajo el cual se camufla el impulso esencial: vivir la aventura de "dejar la cagá ".

La lógica de las tomas, huelgas y paralizaciones es, en su esencia, contraria al fin que declaran perseguir. Quieren que SE mejore la calidad y el acceso a la educación, restándose del rol primario que a los estudiantes les compete que es, miren que sencillo, ESTUDIAR. Nada impide generar presión y no abandonar las clases, sin embargo se presenta un hecho como incompatible con el otro. Eso es propio de una estructura de pensamiento anquilosada que ve en el conflicto disruptivo la única vía de solución a los problemas: esa es la lógica flaite en su expresión más pura. Proclaman la necesidad de mejorar el acceso a la educación, pero cuando han accedido a ella y se ven enfrentados a la tarea concreta de educarse, arrugan y prefieren representar una posición a través del simulacro del compromiso activo con el cambio estructural que, en una sociedad democrática, no les corresponde a ellos realizar, sino a los representantes elegidos por la ciudadanía. Y si estos no hacen su trabajo, no podemos ser como la madre de la Camilita de mi ejemplo y hacer la pega por ellos.

El discurso falaz que impugna el lucro en la educación es, en mi concepto, una muestra clara del fariseísmo hipócrita del movimiento estudiantil. De acuerdo a éste, habría siniestros empresarios que se llenan los bolsillos con la necesidad de los pobres estudiantes que, incautos, se matriculan en sus institutos y universidades de calidad miserable. Si así fuese, la solución es mucho más simple que dictar leyes, crear superintendencias o cambiar la Constitución de la República: tal como, en teoría, la gente no se baña en lugares no habilitados para el baño, desarrollemos la conciencia social de que la gente NO se matricule en esas instituciones. Y no nos llamemos a engaño, no necesitamos banderas rojas que las señalen: en el mundillo estudiantil TODO el mundo conoce cuáles son esas instituciones. El problema es que hay un número no menor de jóvenes para quienes esas instituciones son una opción real de educación porque aceptan su incompetencia intelectual y optan por ellas a sabiendas de que recibirán una formación cuestionable pero, y he aquí el detalle, podrán ostentar la chapa social de ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN SUPERIOR. Y pagan por ello, porque la educación, en la lógica de representaciones sociales, también ES UN PRODUCTO. Referirme a las causas de esa incompetencia intelectual llevaría esta reflexión hacia otros derroteros, pero creo que su origen no depende tanto del sistema educacional, como de la cultura nacional.

Me violenta la falacia de presentar a la EDUCACIÓN como un bien sacrosanto porque, a la hora de examinar el efecto de esa educación, se advierten resultados desoladoramente malos. Y esto es así porque, digamos las cosas como son, la calidad intelectual del chileno promedio es paupérrima. SER médico, diseñador, periodista o profesor tiene que ver, en el imaginario estudiantil, con PASAR los ramos, no con imbuirse de una forma de ser, pensar y actuar. Y es que existe una paradoja esencial: se quiere acceder a un nuevo estatus social, a través de la educación superior, sin hacer el "up grade" intelectual. Dicho en otras palabras: si alguien cursa y aprueba los ramos correspondientes obtiene un certificado de médico, diseñador, periodista o profesor, pero sin cambiar, necesariamente, su disposición cognitiva. Un ejemplo: salvo escasas excepciones, las tesis para obtener un grado académico tienden a repetir hasta el infinito los mismos viejos problemas en cada una de las disciplinas. Las tesis, que se suponen debieran indicar el peso intelectual y académico del futuro profesional, terminan siendo trabajos chapuceros, ramplones, mal escritos, cuando no plagiados de wikipedia. Pero esta gesta sociológica de los paros, las tomas y las manifestaciones sirve como modalidad compensatoria que "estudiantiza" al mutante básico que, esencialmente, no quiere estudiar: "¿Profe, por qué no hace un trabajo en vez de hacer la prueba?"

Sin embargo, la culpa siempre la tiene el empedrado. No al lucro porque es contrario a la calidad en educación. Falacia atroz, pero excelente eslogan de campaña. ¿De cuándo acá ese rechazo visceral al enriquecimiento? El chileno promedio está dispuesto a endeudarse hasta la 3ra generación para comprarse desde un teléfono hasta un auto nuevo todos los años, pasando por cuanta chuchería inimaginable se le ocurra. Es más: socialmente ha aceptado funcionar bajo esa lógica, y LUCRA para ello. Pero si el que gana plata es el empresario, ¡ah no! ¡es un negrero, un desgraciado! Envidiosos, chaqueteros y arribistas. De paso, si los 300 mil pesos que cuesta una consola Wii se invirtieran en libros, otro gallo nos cantaría, ¿pero quién estaría dispuesto a ello?

Si miramos el petitorio de los estudiantes y profesores, la gratuidad en la educación se presenta como el eje de las reivindicaciones. Este objetivo, aparentemente, es social, pero no nos llamemos a engaño: es esencialmente POLÍTICO y, por lo mismo, no puede ser logrado por un movimiento social. Si miramos con una perspectiva de ESTADO, desde el momento en que un movimiento social consiga una reivindicación política, la lógica de un sistema político democrático colapsa, por cuanto ese movimiento social establecería la nula necesidad de ese orden político democrático y, una sociedad que reprueba masivamente a sus representantes, probablemente permitiría la instalación del voluntarismo social como modelo de gestión. Y ese voluntarismo, que depende de la retórica y la manipulación comunicacional de los actores del movimiento, abre la puerta para cualquier cosa. Para bien o para mal, un ESTADO necesita de buenos POlÍTICOS y los nuestros, ciertamente, distan mucho de serlo. Hoy están más preocupados de consolidar la imagen de un gobierno incapaz de ejercer su tarea de gobernar, por acción y por omisión los políticos opositores han instigado al movimiento estudiantil a lanzarse en esta cruzada reivindicatoria, como ballenas hacia la playa. Miopes políticos, no ven que al varar en la playa nadie los devolverá al mar. Son una mierda, pero los prefiero a los Ayathollas que vendrán, escudados en sus cuentas de twitter y grupos de Facebook.

El movimiento estudiantil es la expresión final de un estado de descomposición social, respecto del orden en el que funcionan los estados civilizados. Desde los rayados en las murallas hasta la actitud de los dirigentes estudiantiles, quienes para mostrar su desacuerdo con la propuesta hecha por el Gobierno, queman el documento ante las pantallas, el espíritu es el mismo del de la Camilita de mi ejemplo: hacen lo que quieren y esperan que esa sea la regla de vida. Cuando en años futuros se estudie este fenómeno, será interesante estudiar el rol que le ha cabido a los medios de comunicación en este cuadro de situación. Para la mente del chileno promedio, lo que aparece en los medios es la verdad. Con la llegada de los medios virtuales, esa sensación se amplifica por la inmediatez de las respuestas. Hoy, que la popularidad del gobierno llega a niveles abisales, nadie recuerda que con la llegada de Piñera al poder se habló de que los medios estaban en poder de la Derecha y que serían manipulados para hacer que la gente reaccionara como los personajes de 1984 de George Orwell. Nada de eso ha ocurrido y los medios han incidido decisivamente en amplificar el alcance de este desastre, creando un clima medial adverso a la gestión gubernamental. Frente a cada mal llamada demanda social, los medios en general han excluido sistemáticamente el análisis serio e informado: se trata de validar la voz de la masa que, por definición, carece de matices y se mueve, esquizoide, entre el todo y la nada.

Por eso, creo, hoy la situación es cuánto más dramática: No hay interlocutores sociales válidos y lo que dice la masa es ley. Ahora mismo, leo en mi muro de FB voces aterradas con la "represión" que carabineros ejerce contra los estudiantes. Pero a nadie le incomoda que los estudiantes se quieran manifestar cuando, por razones claras y atendibles, la AUTORIDAD, concepto que le da urticaria al mutante básico, ha dispuesto que NO SE PUEDEN MANIFESTAR. Y vuelta con que Pinochet y la represión. ¡YA BASTA! La democracia no es hacer lo que se me pare la raja, sino hacer lo que las leyes que nos hemos dado nos permiten hacer. ¿Por qué cuesta tanto respetar el orden establecido? Si hay un puto orden, el que se sale de ese orden debe pagar las consecuencias. ¿Por qué es tan difícil de aceptar? ¿No les gusta? Cámbienlo, pero por un proyecto coherente, no por un conjunto de emociones y frases hechas. Pero si no fueron capaces de hacerse cargo del orden que existía, si no tuvieron la habilidad de cambiarlo desde dentro, dudo mucho que el nuevo orden, hijo de la estupidez, la moral pequeñoburguesa y su cobardía esencial sea un avance respecto de éste. Es mucho más fácil disfrazarse de zombie y bailar frente a la Moneda que negociar acuerdos, estando dispuesto a ceder para obtener algo. Pero no: el camilismo exige el todo o la nada; es mucho más fácil tocar la cacerola y tener su minuto en la historia que proceder, como corresponde hacerlo en democracia, a través del debate, la reflexión y la presión a los representantes políticos para que empiecen a honrar el oficio por el que les pagamos y representen los verdaderos intereses de la ciudadanía.

Esta es una sociedad de Camilitas sin control y no se trata de que la AUTORIDAD deba cumplir un rol paterno, sino que el sentido cívico del ciudadano debiera primar en una sociedad madura y civilizada. Pero eso no existe: hay demasiado resentimiento, demasiada ignorancia, demasiada maldad, demasiada estupidez. Por eso, considero que ésta es la revolución de los tarados, con una sociedad enloquecida que, víctima de una incompetencia intelectual pavorosa, delega sus responsabilidades y reemplaza las ideas por los eslóganes, el debate por las frasecitas en Tumblr, el respeto por la prepotencia y renuncia, como en un carnaval, a una institucionalidad de la que jamás se hizo responsable.

Fernando Villegas


lunes, 23 de mayo de 2011

ENTRE LA ABOGACIA Y EL DERECHO.

Desde hace días que cargo con un malestar a la vez cognitivo, emocional, profesional y ético. No es un malestar nuevo, proviene de hace unos 20 o más años cuando comprendí que el derecho, o mejor dicho la forma como se enseña, practica y resuelve por el sistema jurídico y judicial chileno es insuficiente, nunca resuelve los problemas sino que viviendo en el mundo de la ley, como si la vida fuere esa ficción, enfrenta la realidad obligándola a ajustarse a un conjunto de normas, de manera que importa más mantener el orden, injusto por lo demás, que dar solución a las personas que viven la tensión entre problemas e insatisfacción de sus necesidades y que ponen intereses y esperanzas en una solución jurídica que ante todo se organiza y garantiza su orden interno. Es un tema largo, lo se, he escrito en 20 años unas tres mil páginas sobre el tema y nunca se agota.
Es cierto también que con los años he acogido, desarrollado y adoptado una concepción caósmica del derecho, que es completamente diferente al sentido del orden del estado normativo y estatal, que pienso en el pluralismo jurídico y no en el monismo normativo, que he superado la confusión entre dogmática jurídica como ciencia y me he abierto a la filosofía, la sociología, la antropología, la ciencia política, los estudios sobre lógica y lenguaje, la física cuántica, el feminismo, el ecologismo, la neurociencia y la epistemología, sin haber perdido jamás la mirada jurídica, al contrario, valorando mucho más la especificidad y la potencialidad como producto e instrumento de civilización y de razonamiento del derecho. Pero por lo mismo la forma, el modo, las prácticas de la abogacía con la que convivo cada día, de hecho de eso vivo, trabajó como abogado de ejercicio libre, me resultan atentatorias no contra esa complejidad sino contra lo básico de todo pensamiento: un orden coherente, inteligente y con producción de sentido.
Y ha sido esta mañana un programa de televisión el que ha venido a recomponerme,  a darme cierta no tranquilidad, pero si un recuerdo de que la complejidad y la angustia también dice relación con los planos de complejidad y de simpleza y sus combinaciones que pueden afectar nuestra práctica y nuestra emocionalidad frente a ella. Lo intuía es cierto, que mi enojo existencial se debía a que ninguna de las demandas de tutela de derecho contra las arbitrariedades que el estado viene realizando contra sus funcionarios es acogida por los jueces donde tramito, lo que en definitiva resulta en que les es mas valioso aplicar las normas y mantener un orden burocrático que proteger a las personas de los abusos, que al fin y al cabo eso es tutela de derechos. Pero también es cierto que otra parte de mi malestar proviene de la forma como se ejerce la abogacía y como se aplica el derecho, en una simpleza que proviene de su reiteración mecánica, vacía al fin y al cabo, y no de una actividad que me haga sentir creador, no en el sentido de algo completamente nuevo, que nada en la cultura humana lo es enteramente, sino que de desarrollar una actividad que transite entre una combinación relativa de los elementos existentes alrededor con una buena reinterpretación de lo que existe.
La respuesta del problema que me molesta como de los caminos posibles pero también necesarios a seguir me la dio Herbie Hancock entrevistado por Elvis Costelo, cuando habló de su magnifico tema "Watermekon man", el hombre de las sandías.
Herbie, comienza allí explicando como construyó esa canción, señalando que se planteó un problema simple y complejo a la vez: el como hacer un tema musical que hablase sobre su cotidianeidad, lo que él había vivido en su niñez y juventud en Chicago. Decía que no podía escribir de la cárcel pues nunca estuvo allí, ni de los campos de algodón pues nunca trabajó en la cosecha, así que pensó en su barrio, en las cosas cotidianas que provocaban alegría en medio de lo duro de la vida y recordó al hombre que vendía sandías, como pasaba este con su carro tirado por caballos voceando lo que traía para vender y como las vecinas lo llamaban "hey watermelon man, ven acá" y le compraban y concurrían en ese momento el negocio, la vida del barrio pero también lo que pasaría dentro de los hogares al c0omerse ese postre delicioso, alegrando las duras jornadas de los negros de Chicago. Tomó entonces esos fragmentos de realidad, intentó recordar el ritmo del carruaje y la voz del vendedor y las voces de las vecinas y armó el tema, solo agregando al final la t´ñecnca musical de manera que la teoría y su práctica musical sirvieran a ese momento mágico de la llegada semanal del hombre de la sandía.

Una cosa similar me pasa con el ejercicio de la abogacía. Mientras el derecho, esa disciplina magnifica emparentada con la filosofía y con las otras disciplinas del pensamiento en cuanto es un razonar profundo para buscar soluciones, debe enfrentarse diariamente con la abogacía, que sigue transitando entre la repetición de prácticas que se vanalizadas y un razonamiento del derecho que se parece a esa género musical que es la repetición de notas básicas acompañada del sampleo de partes fragmentarias y descontextualizadas de obras clásicas, reiterando el que se cree es su significado pero sin citar las fuentes y sin explicar por que. Es como si en vez de escuchar a Hancock o a cualquier gran músico de cualquier genero, nos quedamos escuchando una música de esas envasadas para antesalas de oficina, o ese pop de batería monótona tan de discoteca ochentera (horrible GIT
Tal vez lo he dicho demasiado suave pero por estos tiempos me parece así de simple: nuestros tribunales y nuestros abogados están tarareando regatón (no quiero creer que por que es comercial y permiten ingresos fáciles) y no haciendo música, ni siquiera reinterpretando viejos clásicos en buenas nuevas versiones, ni para que decir componiendo.

Por un lado hay una serie de prácticas de la abogacía que me molestan profundamente y que si aveces debo ejecutarlas son de una pesadez indecible:
  • Usar traje oscuro, abotonarse la chaqueta y el gesto adusto, con aire de darse importancia y pensar que por ese solo hecho hay seriedad en el actuar; confundiendo gravedad con seriedad y pose con estampa.
  • El antiguo y repetido por los nuevos colegas desprecio a la teoría, estimando que todo lo que no sea la ley y lo que los manuales dicen de como aplicarla de manera directa y simple es una paja, una masturbación teórica, que no aporta nada. Olvidan o quieren olvidar que los manuales son la versión básica para los primeros niveles de enseñanza del derecho y que se basan en toda una historia de pensamiento y que debiera ser una obligación ir más allá del manual en los años sucesivos de estudio y práctica; que mantenerse al nivel del manual y evitar la paja teórica, como muchos dicen, es evitar pensar y preferir el repetir de lo básico. Un amigo dice que es por que prefieren evitar comprender lo que podría llevar a pensar y con eso quitarles su seguridad aparente de que saben lo que hacen.
  • La falta de rigurosidad en el pensar. Se citan conceptos como si todo fuese cualquier cosa, como si el argumento que cada abogado busca para ganar un juicio y representar a su cliente implicare el permiso de  decir cualquier cosa sin precisión, olvidando que en derecho no existen sinónimos sino procesos de aplicación y homologación. Lo peor es que hay jueces que acogen eso, piensan por ejemplo que en un proceso económico complejo no es posible determinar cuando nacen las obligaciones y cuando los efectos se verifican, en tanto que la vieja y básica teoría del acto jurídica enseña cuando.
  • La falta de rigurosidad en el razonar, de manera que no se razona con lógica, que nunca es solo lógica formal sino sobre todo el recorrer un camino de concepto, realidad, argumento y afectación constante hasta encontrar las claves de un pensar secuencialmente aceptable y que provoca no solo un resultado sino además un sentido, que puedo compartir o no pero es un sentido. Por que solo cuando se determina un sentido se puede plantear la posibilidad de producir  otro que resuelva el problema.
  • La falta de rigurosidad en el aplicar, en que se pide cualquier cosa o se resuelve cualquier otra para simplemente salir del paso y hacer avanzar un procedimiento. Cuando se aplica un concepto se requiere no solo explicar cuales son los requisitos de ese concepto o de esa norma sino también los fundamentos de por que se aplica o no se aplica. Hay fallos en que jueces dicen que adhieren a una jurisprudencia como si fuera un acto de fe y no uno de razonamiento.
  • La falta de saber al pensar, lo que implica discernir quien aporta o no un conocimiento adecuado. Cada uno de nosotros lleva consigo una dósis de conocimiento que llevará a que evaluemos otros conocimientos en relación a nuestra comprensión antes de decidir que me aporta ese pensamiento. Hay en las librerías una serie de libros que no aportan nada, que son repeticiones de otros autores o peor, autores que adquieren cierto renombre y luego se repitn a si mismos ampliando sus libros anteriores en 4 o 5 páginas no muy profundas. Prefiero leer los clásicos o teoría nueva antes que libros que parecen libros pero son manuales disfrazados. Al pensar para aplicar hacemos lo mismo, cortamos y pegamos degradando la razón.
  • Me molesta también que los abogados crean que los juicios son para ganarlos y no isntrumentos para enfrentar un problema.
  • Me molesta el que en el mundo jurídico se crea que la realidad material del mundo pueda ser simplemente desechada por que lo que importa es aplicar correctamente la norma, olvidando que detrás de los problemas hay personas concretas con materialidades concretas y que si conociesen un poco más sabrían que hay formas posibles de medir cuando se han vulnerado los derechos y como es necesario hacerse cargo de la realidad.
  • Me molestan profundamente las faltas de respeto formales, como jueces y abogados creen que su posición les permite decir cualquier cosa y no respetar la posición del otro, la dignidad del otro, el tiempo del otro. Se estila por estos días introducir en escritos juicios sobre el otro abogado como si fuese parte del problema, tranformando el asunto litigioso en algo personal sin atender al fondo del asunto.Esa capacidad de pontificar, confundiendo moral abstracta con ética y opción con toma de posición distrae más que aporta.
  • Me corroe profundamente que los jueces no entiendan su papel social, y que aunque por adecuación a tratados de libre comercio se ha optado por incorporar al derecho un sentido democrático del estado de derecho, se olvide que ello los obliga a cambiar su visión de  aplicadores de la ley a generadores  del sentido del respeto a los derechos, de custodios de la dignidad y las necesidades ciudadanas y de protección contra los poderosos. Ello obliga a cambiar de sentido, de manera de interpretar y hacer hermeneutica y de comprender los indicios de vulneración de derechos que son en definitiva vulneración de las personas que los sufren. Pero me parece también que es por que los abogados y las escuelas aun siguen enseñando el mismo derecho legalista paleopositivista de hace 50 o más años. Resulta increible que ni el viejo Bobbio, ya un clásico con 50 años de antiguedad, sea texto de estudio sino que sigan pasando positivismo simplificado.
Hay otras tantas cosas pero me parece que esas son suficientes. De éste modo mi primera conclusión aproximativa es que la abogacía por ratos le hace flaco favor al derecho, no respeta el que sea un conocimiento profundo, que requiere razonar, discernir, reponer los temas, leer y releer, componer y recomponer los puntos para crear nuevas propuestas o al menos hacer nuevas versiones de lo antiguo con una calidad que en nada envidie a los clásicos.

Hago una pausa musical para mostrar a dos grandes recrando un tema de Joni Mitchel con maestría. ¿Si los músicos pueden por que no los abogados? ¿Faltará arte entre tanta mera aplicación?

Todo lo anterior me dice que mientras deba sufrir la abogacía en aras del derecho se requieren algunas nuevas formas de hacer y de ver que acerquen esos polos y que subsanen esas aporías que he señalado. Todas estas dicen relación con el papel de los abogados, en cualquiera de sus funciones que ellos y ellas asuman. Explico algunas cosas que me parecen pueden definir y redefinir el papel de la abogacía para no se un pensamiento regatonero sino música, simple como tonada o filarmónicas armonías, pero no esa simpleza a que nos estámos acostumbrando.